Inteligencia artificial y Justicia. ¿Es posible un “juez robot”? Reflexiones sobre su aplicación en la justicia simplificada

18 febrero 2026

La creciente irrupción de la inteligencia artificial (IA) en nuestras sociedades no solo está cambiando la forma en que interactuamos con la tecnología, sino también cómo concebimos áreas fundamentales como la Justicia. En este contexto, se plantea una cuestión tan fascinante como desafiante: ¿es viable implementar un “juez robot” para resolver asuntos jurídicos sencillos, como procedimientos monitorios, pequeñas reclamaciones económicas o incumplimientos contractuales?

La idea, a primera vista, evoca tanto posibilidades esperanzadoras como dilemas éticos y prácticos que no podemos pasar por alto. Sin embargo, antes de responder a esta pregunta, es esencial detenernos en los detalles que subyacen a esta propuesta, explorar sus implicaciones y trazar un modelo que no solo sea eficaz, sino que respete los principios fundamentales que han guiado la Justicia durante siglos.

La justicia saturada: un contexto que demanda soluciones

Los sistemas judiciales de muchas naciones, incluida España, enfrentan una sobrecarga crónica de trabajo. Juzgados saturados y tiempos de resolución excesivamente largos erosionan la confianza de los ciudadanos en la Justicia. Esta situación es especialmente evidente en los asuntos más sencillos, que representan un porcentaje significativo de los litigios y que, paradójicamente, son los que más podrían beneficiarse de una respuesta ágil y eficiente.

Es aquí donde la tecnología, y en particular la inteligencia artificial, podría desempeñar un papel transformador. Imaginemos un sistema automatizado capaz de resolver de manera rápida y uniforme procedimientos judiciales simples, descongestionando así los tribunales y permitiendo que los jueces humanos se concentren en los casos más complejos y sensibles.

¿Qué es un juez robot? Más que ciencia ficción

Un “juez robot” no es, como su nombre podría sugerir, un androide vestido con toga que dicta sentencias. Más bien, se trata de un sistema de inteligencia artificial diseñado para analizar datos, identificar patrones jurídicos, aplicar normas legales y emitir resoluciones en cuestiones delimitadas y de baja complejidad.

Por ejemplo, en un procedimiento monitorio para reclamar una deuda líquida y exigible, el juez robot podría procesar la documentación aportada, verificar su validez y emitir una resolución conforme a la normativa aplicable. Este tipo de tareas, que actualmente consume un tiempo considerable en los juzgados, podría automatizarse sin menoscabo de los derechos de las partes.

Ventajas de un juez robot en la resolución de conflictos simples

La implementación de sistemas de IA en el ámbito judicial podría generar una serie de beneficios notables:

  1. Rapidez y agilidad: La tecnología permitiría resolver pleitos menores en cuestión de días, o incluso horas, frente a los meses o años que a menudo requiere el sistema tradicional. Esto no solo ahorraría tiempo a los litigantes, sino que contribuiría a restaurar la confianza ciudadana en la capacidad del sistema judicial para dar respuestas oportunas.
  2. Reducción de la carga de trabajo: Al automatizar la resolución de los casos más sencillos, los jueces humanos tendrían más tiempo y recursos para dedicar a los asuntos complejos, donde su intervención es indispensable.
  3. Uniformidad y objetividad: Los algoritmos, al basarse en criterios predefinidos, podrían garantizar una mayor consistencia en las resoluciones de casos similares, reduciendo así las discrepancias que a veces generan inseguridad jurídica.
  4. Mayor accesibilidad: Con un sistema digital automatizado, los ciudadanos podrían tramitar sus reclamaciones de forma sencilla y sin necesidad de desplazarse a los juzgados, lo que democratizaría aún más el acceso a la Justicia.

El límite: la supervisión humana como garantía de justicia

A pesar de estas ventajas, es fundamental recordar que la Justicia no puede, ni debe, ser completamente deshumanizada. La figura del juez humano no es un mero operador de normas, sino un garante de valores fundamentales como la equidad, la dignidad y la proporcionalidad.

Por ello, cualquier sistema automatizado debería diseñarse con dos salvaguardias esenciales:

  1. Supervisión y validación humana: Las decisiones emitidas por un juez robot, aunque vinculantes en primera instancia, deberían estar sujetas a la revisión de un juez humano en caso de que alguna de las partes lo solicite. Este modelo híbrido garantizaría que la tecnología actúe como una herramienta de apoyo, no como un sustituto absoluto del ser humano.
  2. Revisabilidad y transparencia: Los algoritmos utilizados por el juez robot deben ser totalmente transparentes, auditables y explicables. Los ciudadanos tienen derecho a saber cómo se han tomado las decisiones y a cuestionarlas si perciben irregularidades o errores.

Los retos: ¿qué peligros acechan a la automatización?

Si bien los beneficios son claros, los riesgos asociados al uso de un juez robot no deben subestimarse:

  • Sesgos algorítmicos: La IA no es neutral. Si se entrena con datos históricos que contienen prejuicios, corre el riesgo de reproducirlos, perpetuando desigualdades en lugar de corregirlas.
  • Falta de sensibilidad humana: Aunque los asuntos menores pueden parecer “simples” desde un punto de vista técnico, cada caso encierra historias humanas que solo un juez humano puede valorar plenamente.
  • Resistencia social: La idea de que una máquina pueda decidir sobre los derechos de las personas genera, comprensiblemente, desconfianza entre los ciudadanos, lo que podría afectar a la legitimidad del sistema judicial.
  • Riesgos éticos: ¿Dónde trazamos la línea entre lo que una máquina puede decidir y lo que debe quedar exclusivamente en manos humanas? Esta pregunta tiene implicaciones éticas profundas que no podemos ignorar.

Un modelo mixto para una justicia eficiente y humana

La solución no está en elegir entre jueces humanos y robots, sino en combinar ambos para construir un sistema judicial más robusto, eficiente y accesible. Un modelo mixto podría funcionar de la siguiente manera:

  1. El juez robot se encargaría de resolver asuntos de baja complejidad de forma automatizada, emitiendo una propuesta de resolución.
  2. Las partes, si están conformes, aceptarían esta resolución como definitiva.
  3. Si alguna de las partes se opone, el caso pasaría a la revisión de un juez humano, quien analizaría la cuestión desde una perspectiva integral y no meramente técnica.

El futuro de la justicia es colaborativo

La idea de un juez robot, lejos de ser ciencia ficción, podría convertirse en una realidad factible en ciertos ámbitos de la Justicia. Sin embargo, su implementación debe hacerse con cautela, garantizando siempre que la tecnología esté al servicio de los principios esenciales del Derecho y no al revés.

La tecnología tiene el potencial de transformar positivamente la Justicia, pero solo si se utiliza de manera responsable, ética y siempre bajo la supervisión de seres humanos. La IA no debe verse como un sustituto, sino como un complemento que nos permita ser más eficaces sin perder de vista la humanidad que está en el corazón de nuestra labor.

El reto es enorme, pero la oportunidad también lo es. Si logramos encontrar el equilibrio adecuado, estaremos ante un sistema judicial más ágil, accesible y justo, en el que las máquinas alivien las cargas, pero nunca sustituyan la esencia humana que hace de la Justicia mucho más que un mero ejercicio técnico: una verdadera garantía de derechos y libertades.


Autor: Alberto Cabello Massegosa
Socio director del despacho AC&VM Abogados.
Profesor del máster de acceso a la abogacía con las especialidades en habilidades del abogado eficaz, soft skills, deontología y colegiación.
Presidente de la Confederación Española de la Abogacía Joven.

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